Salón de los Vinos Naturales Madrid 2022


El pasado 8 de mayo, un servidor cruzó más allá del muro de Somosierra y se presentó en la capital del reino, para acudir al Salón de Vinos Naturales 2022 en Madrid. Era la primera vez que bajaba a un evento a la Villa y Corte, y la verdad que disfrute, que lo pasé genial, y que espero volver pronto. No fui solo, ya que me acompañó David Vázquez de @Wineinspirers, que tuvo a bien acercarme cerca del recinto, compartiendo ambos la misma curiosidad por conocer un poco más de estos vinos tan en boca de todos.

La organización estuvo más que correcta en general, notándose quizás demasiado calor tras la vuelta del almuerzo, pero bueno, no dejan de ser naves, y mayo en Madrid. Las colas a media mañana imponentes, aunque al que madruga, ya se sabe. Cada mesa compuesta por dos bodegas, y pronto las copas y los dedos, tintados de rojo color. Yo iba probando los vinos y cada dos bodegas me salía a unos bancos de madera en la calle, para apuntar las ligeras notas y no perderme en la gran cantidad de stands, hasta que una chica de la seguridad del Matadero, cuál hormiga atómica en su patinete, me dijo que no podía sacar la copa de la nave. Le expliqué que dentro no podía escribir, pero mis palabras pasaron por su pelo bola como cuchillo por mantequilla, así que muchas de las ideas no las pude escribir y se han perdido. En el cuaderno me quedaron varios vinos y bodegas que me llamaron la atención, y aquí hago un pequeño resumen. De las Bodegas Alumbro, disfruté de verdad de sus vinos blancos, en especial del godello y de un vino que, cuál santísima trinidad, realizaba un gran coupage de tres castas como eran la verdejo, la godello y la albillo, en su Alumbro Blanco. De las Bodegas Ambiz sobre todo me gustó su Alba, aunque tenían varios vinos curiosos. Luego pasé por Celler Carlania, muy interesante bodega, me quedo con su monovarietal de Trepat, Els Corrals, delicioso. De Bodegas Hontza desde la Rioja Alavesa, hay que mencionar sus parcelarios Garaya y Valdite, realmente interesantes, y no lejanos al buen trabajo que hace Orly Lumbreras desde Gredos, aunque de estos no tengo reflejo gráfico. Menciono también el Extinto de una uva llamada Pan y Carne, de Bodegas Puerta del Viento desde El Bierzo, y la grata sorpresa de los vinos madrileños, elaborados con garnacha, de Bodega Punta de Flecha. Pude probar y disfrutar como un enano de los vinos de Raúl Calle, quedándome con el Malavara, Churumbi y su Nude Garnacha, deliciosos. No me puedo olvidar de los vinos de Verónica Romero, en especial su Bala Roja, desde Utiel Requena, o los vinos al límite de Bodegas Pasamayo desde la sierra de Granada, un placer conocer a Ignacio Contreras.

Mención aparte para dos bodegas, una por cuestiones personales y de cercanía, como es Bodegas Coruña del Conde, de la mano de Julien Ben Hamou, del que hemos hablado alguna vez aquí, muy interesantes vinos y muy variados, arriesgados y personales, un gran trabajo poco reconocido aún por mis paisanos. Su gama BCDC y sus vinos I´m Natural Don´t Panic merecen mucho la pena, cambiantes cada año, haciendo de cada añada algo único. La última bodega que quiero mencionar, ya casi al final de mis innumerables vueltas, fue Celler La Gutina, de Barbara Magugliani y Joan Carles. Sus vinos me llamaron mucho la atención, y eso que cuando llegué estaban casi con las lonas de existencias. Fue la única bodega, digo bien, la única bodega, en la que al probar sus vinos volví a sentir ese cosquilleo que tenían los vinos naturales ni hace un lustro. Excitantes, extraños, salvajes, misteriosos y buenos. Y estos lo eran. Ojalá pueda cumplir mi promesa y visitar su bodega en Gerona.

Mi último comentario, puede haberte dejado un poco descolocado, amigo lector, pero aquí estoy, como una Lady Whistledown del mundo del vino, para contarte lo que vi y sentí. Cada vez me resulta más difícil distinguir un vino natural de un vino convencional, sentí que se había perdido algo, y que los vinos naturales se habían vuelto demasiado académicos. Uno escucha muchas veces la misma historia del elaborador, y no dudo que sean ciertas, pero sus vinos dicen otra cosa, y lo que dicen no es ya tan trasgresor, tan directo, tan real. Alguien debería «parar» esos excesos de vinos naranjas.

A veces comentamos en redes que le hacemos la vida muy difícil al aficionado que se acerca al vino, y en el caso de los vinos naturales, creo que esa distancia se agranda. En los stands de muchas de esas bodegas podías probar no menos de diez elaboraciones diferentes, en producciones muy ajustadas, pero que hacen al consumidor volverse un poco loco ante tanta oferta, salvo que seas un auténtico #winelover y tengas la paciencia necesaria, para buscar en cada bodega, ese vino que habla tu idioma. Finalizo la entrada dando las gracias a David Vázquez por acompañarme en esta expedición, deseo que la primera de muchas, y a los elaboradores de estos vinos naturales, que nunca deben dejarnos indiferentes. Volveremos.

R.

Nos vemos a la próxima, David

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