De los sacrílegos y sus sacrilegios Parte XX : De los #winefakers


Una tarde cualquiera de un #winefaker de postín. Photo by Seungwon Lee on Unsplash

Realmente ya no recuerdo cómo me vino la palabra #winefaker a la mente. Seguramente derivé con facilidad de los #winelovers con sus #fakenews, pero también su fonética literal al castellano me inspiró el palabro, así como la palabreja #wineshit que tan sabiamente manejan en el podcast La Filoxera. Dentro de esta descripción no solo aparecen aquellos que gustan de contaminar las redes sociales con los beneficios del vino para la salud. Los ejemplos de #winefakers se reproducen cada día, pero a raíz de un tweet de @Advocatus_Vini, todo parecía explotar en mi cabeza, últimamente falta de ingenio, como una descarga de napalm.

En este tweet, mi colega bloguero destapaba las míseras vergüenzas de un “auténtico” #wineinfluencer patrio, autodenominado ministro del ramo, nada menos. Una cuenta con gran cantidad de seguidores y “bastantes visualizaciones” por sus “catas desenfadadas”. Que uno tire de archivo a veces es necesario, hacerlo por sistema un poco peligroso, y ya no te digo copiar tus mismas catas o artículos, presumiblemente originales, cambiando las añadas de los vinos, para que no cantase. No está bien, lo veamos como lo veamos. No pongo en duda su sabiduría como catador, ni siquiera su talento para comunicar, pero sin honestidad es difícil ser ejemplo de nada, aunque, como en el caso de nuestro siguiente espécimen, tienen ambos algo en común que dejo para el final.

Otro gran ejemplo de #winefaker es aquel que tiene la suficiente cara dura como para poner, en una guía de vinos de un importante periódico, una cata clavada a la que la propia bodega tiene en su web. En una guía de vino. Sin pudor, seguramente sin ápice de remordimiento. En su momento yo mismo comenté, irónicamente, que estaría encantado de participar en una guía de vinos con esas condiciones, cobrando solo por poner mi nombre al final de la nota de prensa. Lo de probar el vino, ya sino para otra ocasión mejor. Alguien que se dice escritor, incluso con libro publicado, pero que fue incapaz de mantener un blog en activo de forma digna. Demasiado esfuerzo continuo supongo, un enorme estrés.

Cuando empecé a escribir el blog, estaba mal visto que uno hablase en su web, de vinos que luego intentaba vender en otra web, a comisión generalmente. Recuerdo lo importante que era ser imparcial y no tener relación directa en la distribución y venta de los vinos, ya que eso podía afectar a tu buen juicio a la hora de valorar un vino. Que tiempos. Independencia decían. Ilusos.

Photo by Richard Dykes on Unsplash

Escribir sobre vinos, o sobre la influencia del Renacimiento en los Incas, lleva su tiempo. Tiempo, estudio, y a veces riesgo, ya que son las palabras de uno las que aquí quedan, sus palabras originales. Pero otros, grandes heraldos de la cultura del vino, prefieren el camino fácil, la senda ya trazada, el texto ya escrito en un documento de word. Ser original es una meta casi inalcanzable, hasta desde un punto de vista filosófico. Afortunadamente hay varios ejemplos de colegas blogueros cuyos textos merecen ser leídos y disfrutados, sin necesidad de caer en la copia, siempre hermosa y sugerente, susurrándote para que caigas en sus sedosos brazos. Incluso uno puede hacer suya una nota de prensa, darle su ritmo, sus bases, su punto personal, su propia versión, pero siempre citando la fuente real del texto. Uno de los grandes problemas del mundo del vino es que los que realmente saben, o no tienen tiempo para comunicar, o no tienen ganas, dejando ese conocimiento solo para los más iniciados en las artes masónicas más ocultas. Grandes blogueros quedaron en el camino por esto, ya que sus medios apenas superaban el texto escrito, y no deseaban verse expuestos a la jungla de las redes sociales, quedando como una suerte de exiliados enochalados. Lo que llegó después, pues ya sabemos, pléyades de #winefakers que han ocupado su lugar.

Lo más sorprendente es que esta gente tiene un número nada pequeño de palmeros que ríen sus gracias, y que a veces pienso que son meramente trols. Además todos cuentan con el apoyo incondicional de los “medios serios” y de las propias bodegas, que no ven mal que su producto llegue a ser ridiculizado, con tal que tener una publicidad. He llegado a la conclusión que el mundo del vino es muy endogámico, todos nos conocemos de forma directa o indirecta, y las bodegas/webs no quieren enfrentarse a estos gurus del vino por miedo, ya que se caería todo este sistema de cadena de favores, esta omertà que todos vemos, nada más que rascas levemente la superficie. Pensar que toda la publicidad que se haga, aunque sea mala, favorece al sector, es un error. Cuando se den cuenta, puede ser muy tarde.

Termino la entrada mientras apuro un vino que me daría muchos puntos de #wineloverismo. Encima, leer las andanzas de estos #winefakers, y de otros que aspiran a tal nivel, me quita tiempo, energías y ánimo, a lo que siempre ha sido mi objetivo, y el de muchos, contaros por qué nos gusta el vino. No soy pesimista con respecto a su extinción. Que a los dioses plazca que sea rápido.

R.

Photo by Andrew Neel on Unsplash

Únete a 1.496 seguidores más



Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .