Castelo de Medina Sauvignon Blanc 2018


He visto cosas que no creeríais, o que simplemente dañarían vuestra sensibilidad. En las últimas semanas, fruto del confinamiento, he visto a grandes comunicadores del vino, #winelovers de postín y auténticos #influencers de este pequeño mundo, echar hielos al vino blanco, sin rubor ni propósito de enmienda. He oído hablar del tinto de verano como una buena alternativa a la sed canicular, e incluso he visto copas de vino sostenidas por bikinis, o a veces, simplemente bikinis con un decantador cerca, que no debe faltar en la piscina de un #winelover. Que dentro del mundo del vino hay mucha farándula cutre es obvio, que cada uno bebe el vino como desea, por supuesto, no soy la Santa Inquisición ¿? pero a veces me pregunto si esa forma de comunicar, cual disfraz de lagarterana más o menos choni, no supone al fin y al cabo un cliché que no ayuda nada a la cultura del vino, trivializándola en exceso, banalizándola sin redención.

Cualquier día veremos a algun/a influencer duchándose con vino para sofocar el calor. Mi buena amiga y sumiller Pilar Cruces, con su web Lust For Wine, se rompe la cabeza para crear nuevos eventos y temáticas, que unan el arte y la gastronomía con el vino y su cultura, sin caer nunca en lo vulgar, en lo falso, en la maligna trivialidad del postureo #winelover. Siempre he oído que madurar es distinguir el bien del mal, con el mayor acierto posible. Yo ahora mismo veo muy claro el Mal.

Lo que a veces me cuesta entender es cómo bodegas o agencias de comunicación participan de este juego, seguramente sin conocer el resultado final, dejando sus marcas y productos en manos de gente poco preparada, en el mejor de los casos. A veces he pensado en lo que habrá pasado por la cabeza del enólogo de una bodega cuando su vino, su trabajo, acaba sujetando la braga de un bikini para una foto de Instagram. Afortunadamente, siendo positivos, la gran mayoría no son así, y como siempre, uno es muy libre de dejar de prestarles la mínima atención. No les hagamos el juego. ¿Estás conmigo? Sí es así, brindo contigo, sin hielos en el vino, por supuesto.

El Castelo de Medina Sauvignon Blanc 2018 está elaborado por Bodega Castelo de Medina, desde Villaverde de Medina, cerca de Medina del Campo, y perteneciente a la D.O. Rueda. Su sauvignon blanc procede de sus 40 hectáreas de viñedo propio, de un total de 180 hectáreas. Presenta un color amarillo pálido con leves toques verdosos, lagrima densa y gruesa (13,5%). Discreta nariz, manzana verde, buena entrada, amplio, buena acidez y cuerpo medio, notas tropicales, elegante y persistente, agarrándose bien al paladar, amable y con una persistencia discreta. Se deja beber muy bien aunque creo que su mejor momento ya pasó.

No obstante es un vino que fue ampliamente laureado en 2019 con reconocimientos como Medalla de Plata en el Berliner Wien Trophy o Medalla de Oro en el Concurso Mundial de Bruselas, que se celebró en Valladolid. En su añada 2019 este vino ya tiene una Medalla de Oro en el Concurso Mundial del Sauvignon Blanc y una Medalla de Oro en los Vinalies Internationales 2020. Una de mis bodegas más confiables en la denominación Rueda.

R.





Aranda de Duero Ciudad del Vino 2020

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