Casona Micaela 2018


Viñedo de Casona Micaela. Foto sacada de su web http://www.casonamicaela.com

El martes pasado, por razones desconocidas y tras publicar mi ultima entrada, Twitter tuvo a bien suspender mi cuenta @BodegaAteneo, con 9 años de antigüedad, 4 mil seguidores y más de 80000 tweets, sin darme opción a réplica. Más allá del lado friki indudable que esto tiene, creo que también el punto de vista de lo efímero que es esto de las redes sociales, de la vana gloria, ha de tratarse aquí por honestidad. Este blog difícilmente hubiera vivido 10 años,  sin el apoyo de los suscriptores de wordpress, de los seguidores en Twitter y Facebook, y de cientos de compañeros de cata, aquí y allá.

Todo eso parecía haberse esfumado en un momento, como si un granizo pertinaz hubiese arrasado, con saña, mi pequeño viñedo de emociones. Pero tras unas horas de gran ofuscación, tendencias psicóticas y deseos macabros, me di cuenta que, como ese viticultor, tocaba limpiar, reparar el viñedo, y volver a empezar. Así que, os animo, si os place, a seguirme en esta cuenta @RafaTobarBA hasta que mi vieja cuenta desaparezca del todo, o vuelva cual Lazaro a la vida.

Es como si la lluvia que me acompañó, al día siguiente de los Premios Optimum 2019, fuese premonitoria de este terremoto, quizás provocado por esas pérfidas bacantes cántabras, sensuales y poderosas,  que aún pasean por las tierras montañesas como adoradoras de Pan, llevando a los castellanos a la perdición.

Este fue el primer vino que me abrí tras la tormenta y el desasosiego, y además fue premiado como el Mejor Vino Blanco del año en este certamen, que tuvo a un servidor entre el jurado.

El Casona Micaela 2018 está elaborado por la Bodega Casona Micalea, desde Valle de Villaverde, Cantabria, y esta amparada por la IGP Vino de la Tierra Costa de Cantabria. La bodega elaboró su primer vino en 2008, y cuenta en la actualidad con un viñedo propio de 7,5 hectáreas, de uvas albariño y riesling, procedentes de una única finca llamada Jornillo. Este vino es un coupage de albariño y riesling (75% a 25%), y sin duda tiene un punto más atlántico que cantábrico, ya que Carlos Recio, alma mater de la bodega, y el asesoramiento de una crack como Ana Martín Onzain, hacen el milagro para que este vino tenga una gran calidad, a la vista de las fotos del propio viñedo, entre verdes praderas y altas montañas, a 400 metros de altitud. Pasemos a la descripción.

Presenta un color amarillo dorado, ribetes acerados y restos de las lías; buena nariz, intenso y fresco, la combinación de ambas castas le aporta mucho carácter, equilibrándolas, con un leve punto dulzón; en boca es amable, acidez ajustada y agradable, cuerpo medio, fruta blanca de hueso, persistencia media y un final amargo muy agradable. Me ha gustado mucho, aunque me cuesta verlo como un vino de marcada tipicidad cántabra, pero tampoco me parece un problema.

Es uno de los pocos vinos cántabros que había probado en estos años, y de los más fáciles de encontrar en cualquier lugar en Cantabria. 

R.



Consigamos que el Vino sea declarado Bebida Nacional FIRMA

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