No hace muchas entradas os hablé de la figura del gigante Orión, y en cierto modo, cuando estas letras escribo, parte de su espiritu me persigue ; Orión no era un personaje especialmente admirable, libidinoso e irascible, consiguió no obstante subir al firmamento, y ser una de las constelaciones mas populares en nuestra vieja Europa ; en una de sus fechorias, intentó propasarse con la diosa Artemisa, su compañera de caza, y Gea, en venganza por este hecho y otros anteriores , le mandó un escorpión ; Orión, ufano de sus dotes de cazador, no tomó suficientemente en valor la prueba a la que se le sometía, y pereció como consecuencia de una picadura venenosa en su talón ; Zeus atendió las peticiones de las diosas, que admiraban al gigante Orión, y con gran estruendo, lo situó en el firmamento, junto a sus dos perros, siendo visible la constelación especialmente en invierno, como anuncio de los fríos, las tormentas y las nieves ; como las musas, l@s escorpiones toman multiples formas físicas , y aprovechan nuestra confianza para infringirnos dolor y derrota; sin duda un buen antidoto contra el veneno de escorpion y de serpiente, es el etanol del vino, que los vuelve inocuos ; puede que el destino de Orión hubiese sido distinto, si en vez de un as de bastos, llevase en la diestra una botella de vino como el que hoy os traigo al blog.
