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Sobre los sacrílegos y sus sacrilegios Parte IV


Muchas veces en esta sección mi compadre y yo hemos realizado críticas feroces e impenitentes sobre aquellos que tratan al vino de forma inadecuada, torpe, ufana, o simplemente gozan de rebozarse en el fango del error y la pedantería  del que no tiene ni idea ; cierto es que muchas veces solo se busca un poco de humor, pero en otras sin duda se busca ajusticiar al imputado, y esta entrada la escribo desde ese otro punto de vista, ya que el acusado del crimen soy yo.

Hechos: lunes…fiesta….dos palabras antagónicas salvo en este día de la Virgen del 15 de  Agosto, día en el que todo el mundo  o esta viajando, o recuperándose de la resaca derivada de la noche anterior, tras haber adorado a Baco como se merece ; en esta ocasión tenía una muy buena comida en casa, y merecía un gran vino, pero mi visita a mi santa santorum, vease vinoteca,  me llevó a ver que no tenía ningún roble joven que pudiese soportar un buen rato en el frigorífico antes de sacarlo al  porche de mi châteaux, donde el sol pegaba con furiosa cólera como si al mismo Zeus le hiciese gracia verme sufrir ;  casi todo lo que atesoró necesitaría abrirse una hora antes para estar en su punto, pero no podría mantener la temperatura del vino ni con el uso de un enfriador de vino metido en el congelador; aprovechando un viaje a la ciudad para recoger a mi suegra, pude comprar en una tienda un roble ribereño que sin duda sería un gran complemento a la comida; mi primer error fue no darme cuenta que era un 2010, y como luego comprobé, demasiado joven aún, falto de botella para estar en su punto ; me guíe por su etiqueta, y su afamada bodega mucho mas que en lo que realmente debí fijarme, y por ese error aún flagelo mis carnes y me golpeo con la botella en la espalda.

El vino, un Pago de los Capellanes Roble 2010, 100% tempranillo con 5 meses de barrica nueva de roble francés, salió tremendamente airoso del trance, un vino de color cereza muy vivo, capa alta, intensa madera dulce, vainillas, cacao, con una buena muestra de fruta roja , aún un poco salvaje, regalices; en boca tiene un paso excelente, cremoso, muy ligero, de cuerpo medio, y medio final , siendo aquí donde mas se nota la madera, aunque de este vino solo pude tomar una copa decente por las condiciones climáticas descritas con anterioridad; el vino aún no estaba en su punto para beberlo, demasiada presencia aún de la madera, que no dejaba salir esa uva de 2010 de la que se espera tanto en la Ribera.

Ya me lo comento mi buena amiga Virginia, me gustan más maduros , y a mí también, sin duda no es hora aún de meterse con los 2010; en un bar cerca a mi oficina me he bebido entre vino y vino un par de botellas del Cillar de Silos 2010, y la opinión es la misma, hay que esperar…confío en poder reescribir un entrada de este vino unos meses más adelante, ya que es uno de mis robles preferidos. Que así sea.

R.

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