La barbacoa/Relatos sobre el vino

Restaurantes “modernos”


Por fin saco un ratito para escribir este post que llevo afilando mucho tiempo. Aproximadamente, mes y medio. Y no hay como el tiempo para que el comillo se afile en demasía.

El titulo del post os debería decir bastante sobre lo que os voy a contar para definir exactamente lo que me pasó. La paradojica mezcla resultante de mezclar algo dulce con algo agrio, casi amargo.

Antes de empezar, he de decir con mayusculas que el vino que probé alli fue un vino EXCELENTE, Mi tristeza (con cierto punto de enfado), no viene por ese ADORABLE VINO, que espero poder postera como merece, sino por el “Divagante messié pá” que me lo sirvió, que provocó que mi relación con ese ansiado vino se quedara en un “Holaquetalhastaluego”. Muy triste.

Voy al grano.

Hace unos meses acudí por primera vez a una tipica y navideña cena. Al leer la carta de lo que nos iban a servir, vi que  me esperaba una grata sorpresa: era el Atteca, un vino del pueblo de Ateca, cerca de Calatayud, fuera de toda denominaciónpor mi conocida, y del que  tenía entendido que el afamado Sr. Parker le había entregado una porrada de puntos.

Empezaba bien la noche, y de cara, pues en semejante cena yo iba dispuesto a albergar en mi estómago la mayor cantidad de dicho buen vino que pudiera.

El resturante era un local muy apreciado por el “artista” que preparó el evento. Se trata de un lugar de cocina de autor, Apelativo que provoca en mi urticarias por la persistente manía de convertir una comida en un aperitivo para pitufos por la ínfima cantidad de comida que se suele servir. Pero no había de juzgar apresuradamente.

La comida, empezó, tristemente, cumpliendo mis más amargos temores. Hasta tal punto que un alumbrado  y soriano compañero preguntó inocentemente (lo juro)  que cuando se acababan los entrantes, pregunta que el sumiller respondío argumentando siniestramente que todo estaban siendo rigurosos platos de menú. El artista que preguntó y un servidor nos quedamos mirandonos con los ojos como platos. La noche iba a ser larga…. Suspiro y pa´lante.

Deposité toda mi esperanza en el Atteca. Lo leido sobre el no podía defraudar. Era tiro seguro. Y asi fue. El sumiller y su pléyade de servidores abrieron varias botellas y la dejaron orearse un ratito en la mesa. El olor empezó a inundar la sala, y me resultó tan agradable que me sacó el buen humor que me quedaba, y me enamoró a primer “olfato”: Vainilla, canela, frutos rojos, el olor era embriagador. Ansioso estaba de hincarle el diente.

Asi que cual lobo estepario le echo la mano a la botella. uno de los camareros se anticipa, la coge de mi mano y me sirve, continuando con los demás compañeros. Agito en copa, y huelo mi trocito de cielo. Intensos olores, esto promete.

Ya enajenado del mundanal ruido, hago el primer trago. Gloria bendita, oiga. Los olores  de antes se transforman en sabores en boca, de forma gradual y tenúe, en una perfecta sinfonía que alumbra mucho disfrute. Asi que abro los ojos para localizar la botellita y acercarmela a mi vera.

Y hasta aquí duró el divino dulzor del momento. Resulta que el vino seguía en manos del talibán  y sacrílego camarero, contaminando y calentando semejante oro divino. Al ver que he acabado se acerca y me rellena la copa, y en vez de recrearme en lo servido,  me quedo mirando como se lleva el resto… Esto va mal.

Me vuelvo a recrear con lo servido, y esta vez dejo la copa oxigenarse para indagar en la evoluciòn del vino. Y en el punto álgido de oxigenación, el demente camarero se acerca y me rellena de nuevo la copa…. Sobre lo existente!!!.

Me paro en seco. No quiero pervertir  el disfrute de semejante vino por culpa de tamaño mendrugo. Supongo que cumplía órdenes de su jefe, al igual que un orco lo hará de Sauron. Y decido dejar muy a mi pesar el vino en la copa, Y grabarme a fuego el nombre de ese vino para conseguirlo donde sea y hacer de él honores en otro lugar y otro tiempo donde pueda ser disfrutado y alabado.

Ahi teneis el agrio de la salsa. Cuál célibe seminarista, preferí distanciarme de la perdición para alcanzar el goce en mejor ocasión. Triste de mi….

Solo espero poder disfrutar de este vino en condiciones y pronto. La  fugaz probatina que logré fue magnifica.

Y también espero que a ese aprendiz de brujo que vi por sumiller se le alumbre algún dia el cerebelo y le permita respetar el vino bueno como debe ser respetado. En medio de la mesa ha de estar, para ser dignamente degustado,  adimirado y reverenciado.

Y ya acabo, que me enciendo.

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